En el sur de la ciudad, donde hoy se extiende un pulmón verde de más de 77 hectáreas, hay una historia de resistencia vecinal que no podría contarse sin el nombre de Julia Gachuz Pérez.
Obregonense y defensora del territorio, Julia fue parte activa de un movimiento ciudadano que, desde 1990, se organizó para proteger La Loma ante la amenaza de proyectos inmobiliarios que buscaban transformar el paisaje natural en zonas urbanizadas. Lo que comenzó como un grupo de apenas 10 a 12 vecinos —entonces conocidos como “Guardianes de la Loma”— se convirtió con el tiempo en un comité sólido que defendió el espacio frente a intereses externos.
Durante años, la lucha no fue sencilla. Hubo intentos por construir viviendas, instalar proyectos recreativos e incluso aprovechar el área bajo la premisa de que nadie la protegía. Sin embargo, la organización comunitaria logró imponerse. Julia Gachuz Pérez fue una de las voces constantes en ese proceso. Su participación, junto a la de otros vecinos, contribuyó a sostener una causa que parecía desigual, pero que terminó marcando un precedente en la defensa ambiental en la alcaldía Álvaro Obregón. Actualmente, es Presidenta del Comité Pro Defensa del Parque Ecológico La Loma.
El esfuerzo rindió frutos el 20 de abril de 2010, cuando el Gobierno de la Ciudad de México decretó La Loma como Área Natural Protegida con categoría de Zona de Conservación Ecológica, garantizando su preservación frente al crecimiento urbano.
Más allá del decreto, los resultados son visibles. Donde antes había zonas degradadas y árboles que no lograban desarrollarse, hoy se observa un ecosistema en recuperación. Las jornadas de reforestación impulsadas por la comunidad han permitido que el área recupere su vocación natural y se consolide como un espacio clave para el equilibrio ambiental de la zona.
“La Loma es un lugar donde muchos vecinos y algunas autoridades luchamos y logramos que fuera área natural protegida. Ahora les toca a las siguientes generaciones conservar el parque porque es para todos. La Loma es un espacio para todos, pero también necesita de todos.”, dice Julia.
Hoy, La Loma no solo representa un logro ambiental, sino un símbolo de lo que puede alcanzarse desde la organización ciudadana. Y en esa historia, Julia Gachuz Pérez destaca como un ejemplo de compromiso comunitario: una vecina que decidió involucrarse, resistir y defender su entorno hasta convertirlo en un legado para las futuras generaciones. Su labor refleja que, en medio de la ciudad, la defensa del territorio también se escribe desde lo local, con comunidad.